Don Samuel, con sombrero de palma y recuerdos de hierro, con lodo en sus manos y cuerpo perdido entre gruesas arrugas y sudor de anciano cansado.
– ¡Me quede sordo! - Grita mientras enseña con gruesas uñas su oído izquierdo. –Me quede sordo- me dice mientras come un plátano recién cortado, y yo como si no le hiciera caso, miro la pocilga donde vive, cartones y plásticos amarrados con cuerda, escondida entre árboles, como un refugio de guerra, como un refugio de tanto recuerdo.
Don Samuel se quedo sordo porque lo dejo su vieja, amaneció un día así, solo y sordo. De vez en cuando va corriendo a la casa gritándole a mi papá. – ¡Felipe! ¡Felipe! “Ya no late mi corazón! - Mi papá sale y hace como que le escucha el corazón, y lo tranquiliza diciéndole que sigue latiendo, y Don Samuel se va contento a su casa, aunque no pueda escuchar, aun puede sentir su corazón en esas noches de extraña quietud, donde sueña que su mujer regresa. 
Cuerdas.
:: Antonio Brito