Si... si lo recuerdo, mi madre claramente me advirtió en no molestar a ese perro, pero no me importo y le seguí lanzando piedras, por un momento me distraje y en otro momento corría cojeando con un bultito de sangre en mi pierna, sin decir ninguna palabra mi mama empezó a lavarme... llore y llore no recuerdo si era por mera costumbre o por creer que esas lágrimas harían olvidar a mi madre de su advertencia, solo cuando termino, paso sus dedos con olor a jabón para secar mis lágrimas.
Crecí y un día en la sala de mi casa, después de que una niña de lentes me rompió el corazón en lágrimas, me encontró otra vez mi madre que había llegado de las compras, sin embargo, trate de esconder mi llanto debido a, ya sabes… el hombre nunca debe mostrar su dolor, aunque eso resulta un problema, más cuando tienes apenas trece años.
Mi mamá me vio con melancolía, sentándose junto a mi, me dijo unas palabras que nunca habría de olvidar: “las lágrimas solo son la promesas de lo fuerte que seremos algún día” esta vez no seco mis lágrimas. Si… eso fue hace muchos años mi querida nieta, aunque tu madre no este con nosotros, se que en estos momentos te abrazaría fuerte, pero ¿cómo te puede consolar un viejo como yo? Si a pesar de tantos años y tantas lágrimas aun me siento tan débil como cuando era un niño.