Hablemos claro, como el cielo debemos hablar claro, como el agua que se disuelve en pequeñas lunas azul negro.
Entre tus cabellos, debajo de ellos. Un recuerdo, un niño que se ha perdido entre las multitudes y corre desesperado. Un árbol que hoy amaneció muerto, sin flores amarillas sin flores como soles, marchitos destellos en el pavimento.
Hablemos claro, nos hace la tierra revuelta con lágrimas, un mano que me acaricia, me consuela, dice que no llore por lo que he perdido, que llore por lo que he de encontrar.
Y mi piel esta llorando, al mismo tiempo suda, muerde cada perdida, devora cada recuerdo, se envenena de días y de noches.
Oidos sordos.
Si el viento desgarrara tu mirada
solo fuera un murmullo de allá, de aquella lejana memoria,
no puedo mirar y comprobar que en verdad eras de polvo,
que la sonrisa estaba dispuesta en porciones de mentiras
en un horizonte que se derrumba para alzarse entre las nubes,
que tu piel es insípida y que de tanto llorar,
te has hecho invisible.
