Mi querida “quien sea”, hoy la vi de lejos, leyendo el libro que le preste, leyendo como si se tratara de la palma de una mano, averiguando el pasado o el futuro. No había notado su cabello largo y castaño porque sus ojos monopolizan casi todo su semblante. Mis nervios vienen como una caja de sorpresas, dentro de este par de sentimientos y temblor de piernas que me provoca.
Escribir algo metafórico, unas cacofonías que resuelve mi desesperación a recordarla, de este vació como si me faltara algo de usted.
Estas letras solo para leer luego, cuando la lluvia cese, unas palabras para reírme solo, o reírnos juntos, para escuchar su voz sin que usted me escuche, su voz que me ha gustado tanto, que tiene el mismo aroma de la calma y melancolía.
Y yo canto:
(…las palabras fueron avispas y las calles como dunas cuando aun te espero llegar…. mis manos que aun son de hueso y tu vientre sabe a pan, la catedral es tu cuerpo)
